Frutillar, la pequeña Alemania chilena

Frutillar, la pequeña Alemania chilena

Abrazada por el lago Llanquihue, este balneario fue fundado por inmigrantes germanos que transformaron a este enclave que combina maravillosos paisaje

Abrazada por el lago Llanquihue, este balneario fue fundado por inmigrantes germanos que transformaron a este enclave que combina maravillosos paisajes con una férrea tradición europea.

 

Declarada como la usina musical del sur chileno, Frutillar expone desde hace 50 años las “Semanas Musicales” que transcurren en el Teatro del Lago, una joya arquitectónica a orillas del lago y desde la cual pueden admirarse a los volcanes Puntiagudo, Osorno y Calbuco.

 

A lo largo de la ciudad y desde la avenida Philippi, pueden observarse con nitidez dos sectores tan diferentes como únicos: por un lado se encuentra Alto Frutillar, de infraestructura moderna siendo el polo industrial y comercial de la zona, siempre alrededor de las vías del ex ferrocarril; mientras que Bajo Frutillar expone la tradición y la cultura alemana a flor de piel, constituyendo el casco histórico con el Museo Colonial Alemán,  las infaltables cervecerías artesanales para degustar de la buena malta y la gastronomía local con el “Kuchen” -”Koujen” en alemán-  una tarta de frutas imperdible, como máximo exponente.

Para los que osen a practicar deportes náuticos en el lago, el “Club de Yates” proporciona equipos para múltiples actividades, entre las que se destacan carreras de Vela y la vuelta al lago.

Se puede llegar a la “pequeña alemania” por vía aérea, desde el aeropuerto de El Tepual (a 45 kilómetros) y luego por tierra donde la agencia de autos Europcar facilita la llegada a destino, que también puede realizarse desde Santiago de Chile.

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