La fábula cuenta que un día una rana recibió de parte de un escorpión una solicitud de ayuda para cruzar un río, prometiendo no hacerle ningún daño, pues si lo hacía, ambos morirían ahogados. La rana accedió subiéndose a su espalda, pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión picó a la rana. Antes de morir, ésta le pregunta incrédula: «¿cómo has podido hacer algo así? Ahora moriremos los dos», ante lo que el escorpión respondió: «No he tenido elección, es mi naturaleza».

Asomaba febrero de 2008 cuando, con la misma promesa que habían arribado empresarios a los otros grandes del fútbol chileno como ColoColo, la U. de Chile y la U. Católica, la concesionaria Joya del Pacífico se mostraba en sociedad para administrar a Santiago Wanderers por los próximos 30 años. A esa fecha, habían transcurrido cinco años y un par de meses desde el último título profesional de la institución.

Santiago Wanderers mostraba como uno de sus directores a Joaquín Lavín, mientras ColoColo ya se había fundido en un abrazo con Sebastián Piñera. La derecha miraba con mucha atención el fenómeno Macri, quien de presidente de Boca Juniors se había convertido en figura política de fuste.

Buscando el equilibrio con el pueblo caturro, el directorio quedó liderado por Jorge LafrentzFricke: su padre había presidido el club en 1983 y 1984, y él mismo había actuado como vicepresidente cuando la institución era conducida por Reinaldo Sánchez, el mismo hombre al que cruelmente se le apodó “Don Choco”, por su condición de empresario microbusero en los cuales se vendían los populares helados “Choco Panda”, y que contra todas las apuestas fundó lo que se transformó en el CDF, que acaba de ser vendido en 2.344 millones de dólares, que permitirá entregar 3,2 millones de dólares a cada club de Primera A y Primera B.

Nicolás Ibáñez fue presentado, entonces, como uno de los hombres fuertes de la sociedad. Por ese tiempo, era el accionista mayoritario de Distribución y Servicio (D&S), la propietaria de los supermercados Lider.

Con el correr de los años, sin embargo, la historia se comenzó a contar distinto. Hoy, por ejemplo, cada vez que el club se refiere a sí mismo, señala que en los últimos 11 años quien ha elegido a los directores es la Fundación Futuro de Valparaíso de Nicolás Ibáñez, verdadera dueña de “Los Caturros” desde un inicio. Es decir, el dueño fue siempre el mismo, aunque su visibilidad iría siendo puesta en evidencia más adelante.

PERMISO PARA SUBIR  A LA RANA

Nieto de Adolfo Ibáñez Boggiano, un hombre que en medio de los problemas económicos de su familia tuvo que retirarse de tercer año de humanidades para comenzar a trabajar como cajero del diario El Sur de Concepción, lo que no le impidió dejar a las futuras generaciones el legado de una universidad de prestigio en plena región de Valparaíso, Nicolás Ibáñez Scott ha debido luchar por años para recuperar su imagen tras las acusaciones de violencia contra su primera esposa. Poco le sirvió catapultar la herencia familiar hasta la élite del retail sudamericano, para venderla en más de 2 mil millones de dólares a Walmart. Su condición de golpeador de mujeres le transformó en una especie de paria y el fútbol asomó como una buena oportunidad de demostrar que sí podía dejar un legado filantrópico a la altura de sus antepasados.

Pero la naturaleza pudo más. Ya arriba de la rana, Nicolás Ibáñez comenzó a suplir los tradicionales déficits que genera el fútbol con préstamos al 4,5% de interés. Cuando ello se hizo público, la rana que le transportaba a la orilla del reconocimiento  comenzó a tener serios problemas de desplazamiento y, cuando los resultados deportivos empeoraron, el clima se enrareció.

Ya en 2016, la Memoria Anual de Wanderers establecía que el club le debía a la Fundación Futuro de Valparaíso la suma de 1.882 millones de pesos formalizada en tres pagarés (todos con un interés anual del 4,5%).

Miguel Bejide, vicepresidente ejecutivo de la sociedad anónima que concesiona al Decano y que a su vez es nombrado por el propio Ibáñez, adelantó en 2017 que «los tres han sido pagarés que se han repactado, ya que Santiago Wanderers hoy no posee los dineros para cancelarlos, acordándose pagar los intereses respecto de ellos». En mayor de 2018, en entrevista con El Mercurio, dijo que la deuda ascendía a $2.257 millones y 10 meses después, ahora con La Tercera, fue el propio Ibáñez quien afirmó que la deuda es de $4.800 millones… Sí, está leyendo bien. Según el nieto de Adolfo Ibáñez, entre el 31 de diciembre de 2016 y el 24 de marzo de 2019, la deuda que la concesionaria de Wanderers –del cual es dueño en un 80% con la Fundación de su propiedad- se ha incrementado a una razón de 115 millones de pesos mensuales… Todos quienes saben de fútbol entienden que ello resulta, a lo menos, extraño.

LA RANA SE HUNDE CON SU ESCORPIÓN

El 8 de abril de 2017, Bejide, operador de Ibáñez en el club wanderino, dejó sus huellas digitales en la operación en curso. Ante la pregunta ¿de dónde sacará dinero Santiago Wanderers?  señaló, sin problemas, que “mi plan de acción es que se deberían utilizar los dineros que lleguen desde un Canal de Fútbol entregado a un operador internacional, lo que va a significar mayores recursos, más un monto fijo por una sola vez, lo que nos permitiría mejorar nuestra posición ante la deuda».

Pues bien, los dineros de la venta del CDF –US$3,2 millones de dólares para Wanderers, que equivalen a $2.200 millones,- habrían sido suficientes para pagar los $1.800 millones de deuda con intereses que declaró en diciembre de 2016, pero ahora es absolutamente insuficiente.

¿Quién es responsable del aumento exponencial de la deuda desde los $1.800millones de diciembre de 2016 a los $4.800 que declara Nicolás Ibáñez en La Tercera de este fin de semana? Por supuesto que él mismo: su fundación es la dueña del club desde hace 11 años y ha nombrado ininterrumpidamente desde entonces a su directorio, que acepta las deudas que él firma en pagarés y luego repacta.

Con el dinero ya casi en manos de Wanderers para que vuelva a su dueño, este es un buen momento para decir que “ha llegado el momento de dar un paso al costado”, como lo dijo la Fundación en su última declaración pública. El tema es que Nicolás Ibáñez perdió la mejor vitrina para mostrar que en estos años dejó algo o, en el mejor de los casos, entregó algo en el mismo lugar que lo recibió, administrando un club en el momento de mayor bonanza económica. La jugarreta, al parecer, fue aumentar el monto de la deuda al doble. Luego, “condonar” la mitad… pero en el fondo no perder.

La historia ya sabemos cómo terminará: polémicas más o menos para que, al final, los dineros de regreso en el bolsillo del nieto de don Adolfo, quien seguramente si estuviera observando le diría a su descendiente que la filantropía se realiza de una manera totalmente distinta.

Los montos no serán suficientes de acuerdo a lo mucho que creció la deuda entre 2016 y 2018 –nadie sabe bien por qué- y entonces lo que viene es que para poder seguir adelante, los hinchas del club deberán comprar acciones… ¿A quién? A Nicolás Ibáñez. ¿Y si los hinchas no se las quieren comprar a él? Entonces lo hará otro inversionista, pero el ex dueño de Walmart podrá respirar tranquilo respecto de que fue fiel a su naturaleza de no perder nunca en un negocio. Cada uno elige qué quiere heredar a sus descendientes.

OBSERVAR LAS OTRAS RANAS

Nicolás Ibáñez ha montado muchas otras ranas de manera simultánea. En enero de 2019, El Mostrador desarrolló un reportaje titulado “El poder fáctico de Ibáñez”, donde muestra la serie de fundaciones que administra. Destaca, además de Fundación Futuro de Valparaíso, a la Fundación para El Progreso, cuyo rostro visible es Axel Kaiser. También tiene una fundación llamada Oportunidad Mayor, orientada a este segmento de la sociedad, y recientemente anunció la creación de AthenaLab. En el ámbito conservacionista está en Alerce 3.000 y también financia un espacio de debate denominado La Otra Mirada.

Según el reportaje de El Mostrador, son los negocios de Nicolás Ibáñez –entre los cuales se cuenta Papa John´s-, los que le dan viabilidad económica a cada una de sus iniciativas a través de su brazo de inversiones “Drake”, en honor al corsario inglés del mismo nombre que en muchas partes del planeta es recordado únicamente como un pirata.

Drake también apoya a la Universidad Adolfo Ibáñez con una escuela de Artes Liberales. “Chile + Hoy es la organización que administra los fondos de las otras fundaciones a las que todas las ONG deben postular sus proyectos y fondos”.

Entre las inversiones de Drake se cuentan la matriz de Colloky, Colgram, Aviasur, Santiago Medical Institute, Lácteos Tronador y Manuka (en el ámbito lechero), Bopar (plantas), Inmobiliaria Indensa, el Banco Privado del Reino Unido Hampden & Co y una destilería denominada TheTreeStills.

Como hincha de Wanderers, observando por 11 años el desenvolvimiento del hombre cuyo ídolo es Francis Drake y no su abuelo Adolfo, llamo a los que saben a poner ojo en las formas en que se mueven los dineros del hombre que quiere ser filántropo, pero que finalmente sucumbe siempre a su naturaleza.

Dada la desastrosa administración de Wanderers, con un incremento exponencial de deuda (sabemos que esconder ganancias es una de las fórmulas para eludir impuestos), sería recomendable para las instituciones del Estado revisar la manera en que operan las fundaciones creadas al alero del pirata… no vaya a ser que, al final, la naturaleza de Nicolás se haya impuesto a todos sus deseos filantrópicos y tan solo se trate de un intrincado sistema de elusión con el cual hunda su imagen junto con las de todas las ranas a la que les pidió ayuda para cruzar el río del desprecio.

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