Las bajas temperaturas ya se están sintiendo en el país y los virus están al acecho, siendo los resfríos los más comunes de la época. Una de las características de esos malestares son los estados febriles, que pasan a ser cada vez más frecuentes, sobre todo en los niños. Por ello, el Coordinador Médico de Help, Dr. Fernando Martínez, entrega una serie de recomendaciones para saber cómo reaccionar ante estas situaciones.

La fiebre es una reacción de defensa del cuerpo ante una enfermedad o padecimiento que se caracteriza por el aumento de la temperatura corporal, siendo una respuesta normal del organismo frente a situaciones como infecciones o procesos inflamatorios. Es decir, es un reflejo de la activación del sistema inmune.

Puede interpretarse como una alarma o señal de anormalidad causada por un agente externo, como por ejemplo, el exceso de calor ambiental, la falta de ingesta adecuada de líquidos e infecciones, entre otros. También puede ser producto de un problema interno más grave originado por enfermedades que alteran el termostato a nivel cerebral.

“La fiebre no constituye una enfermedad en sí, sino más bien es un síntoma de que algo está ocurriendo. En función del tiempo de evolución de la fiebre, sus síntomas y el examen físico al paciente, el médico podrá definir la causa de ésta”, sostiene el Dr. Fernando Martínez, Coordinador Médico de Help.

La mayoría de los cuadros febriles, especialmente en población sana, corresponden a cuadros infecciosos de tipo viral, siendo en gran medida de corta evolución ―menor de tres días― y que luego se superan solos, indica el experto de Help.

Lo importante, agrega, es registrar el horario de la toma y la magnitud de la temperatura, ya que esta observación puede ser una valiosa información para el médico. La manera correcta de hacerlo es poniendo el termómetro en el hueco de la axila seca durante cinco minutos y en el recto, un mínimo de tres minutos o hasta que el ascenso de temperatura se detenga por 30 segundos.

 

Tratamiento

Los cuadros febriles se pueden abordar con analgésicos y antiinflamatorios, previa asesoría médica. También se puede mantener al afectado en un lugar con temperatura ambiente confortable, no sobre abrigarlo y aplicarle paños tibios en el cuerpo, especialmente en zona de axilas, ingle y cuello. “No se deben usar paños fríos o friegas de alcohol”, advierte el doctor Martínez.

Es clave aumentar la ingesta de líquido, pues ésta se va perdiendo debido a la sudoración que se produce con el alza de temperatura, aconseja.

¿Cuándo hay que preocuparse?

El Coordinador Médico de Help explica que hay que prestar mayor atención y acudir a un centro médico en las siguientes situaciones:

  • Siempre en los recién nacidos y en menores con llanto incontrolable.
  • En los mayores, cuando no hay una causa evidente, como signos de resfrío, diarrea, contacto con personas cercanas cursando con cuadro respiratorio.
  • Si supera los 39°C axilar y no cede con medidas habituales (desabrigo, baño tibio, medicamentos para bajar la fiebre).
  • Cuando persiste más de tres días.
  • En cualquier persona en la que no se observen mejorías transitorias tras ingerir analgésico o antiinflamatorios.

Además, se deberá acudir inmediatamente a Urgencias en casos donde se presentan condiciones como:

  • Si viene acompañada de manifestaciones como convulsiones, moretones, puntos rojos en la piel que no desaparecen al presionarlos, compromiso de conciencia (somnolencia o irritabilidad), dificultad para sentarse, pararse o caminar, vómitos y/o dolor de cabeza intenso.
  • Orinas escasas o ausentes.
  • Fiebre en pacientes con antecedentes de quimioterapia reciente, en adultos mayores con diabetes y pacientes con enfermedades pulmonares obstructivas e insuficiencia hepática.

 

 

Imagen: serpadres.com

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