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El grafitero más famoso del mundo, cuya identidad permanece oculta bajo el pseudónimo de Banksy desde hace dos décadas, ultima su mayor y más espectacular trabajo hasta la fecha en un lánguido enclave turístico costero del oeste de Inglaterra. Una suerte de parque temático que subvertirá la idílica temática de Disneylandia con el despliegue de una colección de siniestras esculturas en un antiguo centro de ocio junto al mar que baña la localidad de Weston-super-Mare.

Pero ese es el sello de su marca, el secretismo y los rumores en torno a un acontecimiento titulado Dismaland.

Y tiene su propio comercial:

Todo en Dismaland tiene doble o triple lectura. Empezando por el contraste entre el descuido total del recinto que lo acoge, la alegría imparable del público y la intensidad de las obras de arte que ahí se exponen. “Es un parque temático para la familia, incómodo para los niños”, según su creador, aunque el entusiasmo con el que varios pequeños corretean de un lado a otro parece desmentirle. El propio Banksy ha contribuido con 10 obras y seleccionando a otros 58 artistas internacionales, de 17 países —con especial hincapié en Oriente Próximo—, que han aportado su granito de arena. Hay pesos pesados como Damien Hirst o Jenny Holzer y creadores desconocidos, todos tratados, eso sí, como iguales. No falta presencia española, con los cuadros del artista granadino Paco Pomet, de la galería My Name’s Lolita Art, y la obra del grafitero valenciano Escif.

Una de las obras del parque temático

“Todos los trabajos son muy subversivos”, asevera entusiasta una visitante, Emily Lequesne. Y, acto seguido, agradece también a Banksy la elección del lugar.

La página web de Dismaland se colgó bajo millones de clicks. Sea como fuere, el creador, nativo de la cercana Bristol —uno de los pocos datos ciertos de su casi ignota biografía—, quiso regalar otro homenaje a su región natal.

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